¿Puede existir un ecosistema sin descomposición?
La palabra descomposición no suele despertar asociaciones especialmente positivas.
A menudo pensamos en deterioro.
En pérdida.
En algo que deja de funcionar.
Sin embargo, desde una perspectiva ecológica, la situación es bastante diferente.
Porque la descomposición no representa el fracaso de un ecosistema.
Representa una de las razones por las que puede seguir existiendo.
La naturaleza acumula muy poco
Imaginemos por un momento un bosque donde nada se transformara.
Las hojas caídas permanecerían intactas.
Las ramas muertas se acumularían indefinidamente.
Los troncos nunca cambiarían.
La materia orgánica aumentaría año tras año sin volver a incorporarse al sistema.
La imagen resulta extraña.
Y quizá precisamente por eso nos ayuda a comprender algo importante.
La naturaleza no funciona acumulando materia.
Funciona transformándola.
Nada desaparece realmente
Cuando observamos una hoja transformarse puede parecer que está desapareciendo.
Pero eso no es exactamente lo que ocurre.
La materia cambia de forma.
Cambia de ubicación.
Cambia de función.
Parte de ella regresa al suelo.
Parte es utilizada por microorganismos.
Parte participa en nuevos procesos biológicos.
La transformación no elimina la materia.
La reintegra dentro del ecosistema.
Los nutrientes necesitan volver
Todos los organismos necesitan recursos.
Plantas.
Hongos.
Bacterias.
Animales.
Sin embargo, esos recursos no aparecen de la nada.
Los nutrientes circulan continuamente entre diferentes formas de vida.
La descomposición constituye uno de los mecanismos que permiten mantener abiertos esos ciclos.
Sin ella, gran parte de los nutrientes quedarían atrapados en estructuras biológicas que ya no participan activamente en el ecosistema.
Los microorganismos mantienen el ciclo en movimiento
Gran parte de este trabajo ocurre fuera de nuestra vista.
Hongos.
Bacterias.
Biofilms.
Comunidades microscópicas extraordinariamente diversas.
Mientras nosotros observamos hojas, ramas o sedimentos, millones de organismos participan en procesos de transformación continua.
Procesos que permiten que la materia orgánica vuelva a estar disponible para otros organismos.
La vida depende de la transformación
Existe una paradoja interesante.
La vida necesita construir estructuras.
Pero también necesita transformarlas.
Sin crecimiento no existirían ecosistemas.
Sin transformación tampoco.
Ambos procesos forman parte de la misma historia.
Una hoja nace.
Cumple una función.
Cae.
Se transforma.
Y finalmente contribuye al desarrollo de nueva vida.
La descomposición no es el final
Desde una perspectiva humana resulta fácil interpretar la descomposición como una etapa final.
El último capítulo.
El cierre de un proceso.
Sin embargo, los ecosistemas parecen funcionar de otra manera.
Lo que para un organismo representa el final de una etapa puede convertirse en el inicio de muchas otras.
La naturaleza rara vez trabaja mediante finales absolutos.
Suele trabajar mediante transformaciones.
Una pregunta interesante
¿Qué ocurriría si la descomposición desapareciera de repente?
Probablemente seguiríamos viendo árboles durante algún tiempo.
Seguiríamos viendo hojas.
Seguiríamos viendo agua.
Pero muchos de los procesos que sostienen esos ecosistemas comenzarían a detenerse.
Los ciclos de nutrientes se ralentizarían.
La transformación de la materia orgánica se interrumpiría.
Y la continuidad ecológica terminaría viéndose afectada.
Quizá eso nos recuerde algo importante.
La descomposición no es un problema que los ecosistemas deban soportar.
Es una de las condiciones que les permite existir.
Referencias y lecturas relacionadas
- Odum, E. P. & Barrett, G. W. Fundamentals of Ecology.
- Chapin III, F. S., Matson, P. A. & Vitousek, P. M. Principles of Terrestrial Ecosystem Ecology.
- Wetzel, R. G. Limnology: Lake and River Ecosystems.
- Gessner, M. O., Chauvet, E. & Dobson, M. (1999). A Perspective on Leaf Litter Breakdown in Streams.
- Bärlocher, F. The Ecology of Aquatic Hyphomycetes.
- Atlas, R. M. & Bartha, R. Microbial Ecology: Fundamentals and Applications.