El biofilm es mucho más que una película
Pocas cosas generan tanta confusión en acuariofilia como el biofilm.
Aparece sobre hojas.
Raíces.
Troncos.
Piedras.
Cristales.
Y muchas veces la reacción inicial suele ser la misma.
Algo extraño está creciendo.
Sin embargo, desde una perspectiva ecológica, la situación suele ser bastante diferente.
Porque el biofilm no es simplemente una película.
Es una comunidad viva.
Lo vemos constantemente
La mayoría de las personas ha observado biofilm alguna vez.
A veces tiene un aspecto blanquecino.
Otras veces resulta casi transparente.
Puede parecer gelatinoso.
Irregular.
Incluso poco atractivo desde un punto de vista estético.
Precisamente por eso suele interpretarse como un problema.
Pero la apariencia no siempre refleja su función ecológica.
Una comunidad sobre una superficie
Cuando observamos biofilm solemos fijarnos en la capa visible.
Lo realmente interesante ocurre dentro de ella.
El biofilm está formado por comunidades de microorganismos que colonizan una superficie.
Bacterias.
Hongos.
Algas microscópicas.
Protozoos.
Y numerosos organismos que interactúan continuamente entre sí.
Lo que parece una película es en realidad un ecosistema a pequeña escala.
Las superficies nunca están realmente vacías
En la naturaleza resulta difícil encontrar superficies completamente aisladas de la vida.
Una hoja caída.
Una raíz sumergida.
Una roca en un arroyo.
Todas ellas ofrecen oportunidades para la colonización biológica.
Los microorganismos llegan.
Se establecen.
Comienzan a interactuar.
Y poco a poco construyen comunidades cada vez más complejas.
El biofilm forma parte de ese proceso.
Mucho más que microorganismos
El biofilm no sólo alberga organismos.
También modifica el entorno donde se desarrolla.
Participa en transformaciones químicas.
Interviene en ciclos de nutrientes.
Procesa materia orgánica.
Y genera microhábitats donde otros organismos pueden encontrar alimento o refugio.
Su importancia ecológica suele ser mucho mayor de lo que su aspecto sugiere.
Un punto de encuentro ecológico
Existe una idea especialmente interesante.
Muchas veces pensamos en los ecosistemas como conjuntos de organismos.
Pero gran parte de las interacciones ocurren precisamente en superficies.
Sobre hojas.
Sedimentos.
Raíces.
Maderas.
El biofilm convierte esas superficies en puntos de encuentro biológico.
Lugares donde diferentes organismos intercambian materia, energía e información ecológica.
Lo invisible sostiene lo visible
Cuando observamos un río solemos fijarnos en el agua.
Cuando observamos un bosque solemos fijarnos en los árboles.
Cuando observamos un acuario solemos fijarnos en los peces.
Sin embargo, una parte importante de los procesos que sostienen esos sistemas ocurre dentro de comunidades microscópicas.
Y muchas de ellas se desarrollan precisamente en forma de biofilm.
Una pregunta interesante
¿Por qué la naturaleza produce biofilm en prácticamente cualquier entorno donde existe agua y superficies disponibles?
Quizá porque el biofilm no sea una excepción.
Quizá sea una de las formas más habituales que tiene la vida de organizarse a pequeña escala.
Y si eso es cierto, tal vez merezca la pena observarlo de otra manera.
No como una simple película.
Sino como una parte esencial del funcionamiento de los ecosistemas.
Referencias y lecturas relacionadas
- Costerton, J. W. et al. (1995). Microbial Biofilms.
- Flemming, H. C. & Wingender, J. (2010). The Biofilm Matrix.
- Wetzel, R. G. Limnology: Lake and River Ecosystems.
- Atlas, R. M. & Bartha, R. Microbial Ecology: Fundamentals and Applications.
- Fenchel, T. Ecology of Protozoa.
- Battin, T. J. et al. (2016). The Ecology and Biogeochemistry of Stream Biofilms.