La naturaleza rara vez optimiza una sola cosa
Existe una idea profundamente humana.
Cuando queremos mejorar algo solemos intentar maximizar una variable.
Más producción.
Más velocidad.
Más crecimiento.
Más rendimiento.
Más eficiencia.
A menudo damos por hecho que la naturaleza funciona de forma parecida.
Sin embargo, cuanto más observamos los ecosistemas, más difícil resulta sostener esa idea.
Porque la naturaleza rara vez parece perseguir máximos absolutos.
Con mucha frecuencia parece perseguir algo bastante más complejo.
El equilibrio entre múltiples necesidades simultáneas.
Crecer más no siempre es mejor
A primera vista podría parecer lógico.
Si crecer es bueno, crecer más debería ser mejor.
Sin embargo, los organismos vivos rara vez funcionan de esa manera.
Un árbol que invirtiera todos sus recursos en crecer rápidamente podría disponer de menos energía para defenderse frente a enfermedades, sequías o daños mecánicos.
Una especie que destinara toda su energía a la reproducción podría comprometer su supervivencia futura.
Lo que parece una ventaja desde una perspectiva concreta puede convertirse en una desventaja desde otra.
Los compromisos forman parte de la vida
En biología existe un concepto muy importante.
Los llamados trade-offs o compromisos biológicos.
La idea es sencilla.
Los recursos son limitados.
La energía también.
Cuando un organismo invierte más en una función, normalmente dispone de menos recursos para otras.
Por eso resulta tan difícil encontrar estrategias perfectas.
La naturaleza suele trabajar mediante equilibrios.
No mediante soluciones absolutas.
Los ecosistemas también afrontan compromisos
Esta lógica no se limita a los organismos individuales.
También aparece a escala de ecosistema.
Un sistema extremadamente productivo puede resultar más vulnerable a determinadas perturbaciones.
Un ecosistema muy eficiente en ciertas condiciones puede responder peor cuando las condiciones cambian.
La estabilidad, la productividad, la resiliencia y la biodiversidad no siempre avanzan en la misma dirección.
Con frecuencia deben coexistir.
Y eso obliga al sistema a encontrar equilibrios.
La resiliencia tiene un coste
Resulta tentador imaginar que un ecosistema ideal debería maximizar todas sus virtudes al mismo tiempo.
La realidad suele ser más compleja.
La capacidad para resistir perturbaciones requiere diversidad.
Redundancia.
Flexibilidad.
Y todas esas características implican costes.
Mantener múltiples especies que desempeñan funciones similares puede parecer ineficiente desde una perspectiva puramente productiva.
Sin embargo, puede aumentar enormemente la capacidad del sistema para seguir funcionando cuando algo cambia.
La naturaleza parece desconfiar de los extremos
Cuando observamos ecosistemas maduros aparece un patrón recurrente.
Rara vez parecen construidos alrededor de una única variable dominante.
Los bosques no están formados únicamente por los árboles que crecen más rápido.
Los ríos no están diseñados únicamente para transportar agua de la forma más eficiente posible.
Los ecosistemas suelen incorporar diversidad, redundancia y múltiples estrategias coexistiendo al mismo tiempo.
Como si la naturaleza prefiriera mantener abiertas varias posibilidades en lugar de apostar todo a una sola.
Quizá confundimos eficiencia con éxito
Parte de esta cuestión surge de una tendencia muy humana.
Solemos admirar aquello que produce más.
Más rápido.
Más grande.
Más visible.
Pero los ecosistemas no siempre parecen recompensar esa lógica.
A largo plazo, la persistencia suele depender de muchos factores distintos.
Capacidad de adaptación.
Resistencia frente a perturbaciones.
Flexibilidad.
Cooperación entre procesos.
La eficiencia es importante.
Pero rara vez parece ser la única prioridad.
Una pregunta interesante
Cuando observamos un ecosistema saludable solemos fijarnos en aquello que destaca.
El crecimiento.
La abundancia.
La productividad.
Sin embargo, quizá los aspectos más importantes sean precisamente los menos visibles.
Los compromisos.
Los equilibrios.
Las concesiones que permiten que múltiples procesos funcionen simultáneamente.
Porque tal vez la naturaleza no intente optimizar una única cosa.
Tal vez su verdadera fortaleza consista en mantener muchas cosas funcionando al mismo tiempo.
Referencias y lecturas relacionadas
- Stearns, S. C. The Evolution of Life Histories.
- Roff, D. A. Life History Evolution.
- Odum, E. P. & Barrett, G. W. Fundamentals of Ecology.
- Ricklefs, R. E. & Relyea, R. The Economy of Nature.
- Begon, M., Townsend, C. & Harper, J. Ecology: From Individuals to Ecosystems.
- Levin, S. A. Fragile Dominion: Complexity and the Commons.