¿Está viva el agua?
Desde una perspectiva biológica la respuesta parece sencilla.
No.
El agua no está viva.
No posee metabolismo propio.
No se reproduce.
No evoluciona.
No cumple los criterios que normalmente utilizamos para definir un organismo vivo.
Y sin embargo, existe una pregunta curiosa que aparece una y otra vez cuando observamos ecosistemas acuáticos durante largos periodos de tiempo.
¿Por qué algunas aguas parecen comportarse de forma tan diferente a otras?
El agua y la vida son cosas distintas
Es importante comenzar por aquí.
El agua no es un ser vivo.
Es una sustancia.
Una molécula extraordinaria y esencial para la vida tal y como la conocemos.
Pero sigue siendo una sustancia.
Cuando hablamos de ríos, lagos, humedales o acuarios solemos utilizar la palabra agua para referirnos al conjunto del sistema.
Y ahí es donde muchas veces empieza la confusión.
Porque el agua y el ecosistema no son exactamente la misma cosa.
La pregunta quizá esté mal formulada
Tal vez la cuestión no sea si el agua está viva.
Tal vez la pregunta interesante sea otra.
¿Puede existir agua completamente separada de la vida?
En algunos contextos sí.
Pero en la naturaleza resulta sorprendentemente difícil.
Prácticamente cualquier masa de agua acaba interactuando con organismos vivos.
Microorganismos.
Plantas.
Hongos.
Animales.
Materia orgánica.
Procesos biológicos de todo tipo.
Con el tiempo, el agua suele convertirse en escenario de actividad ecológica.
Un ecosistema acuático nunca está quieto
Cuando observamos un vaso de agua parece que nada ocurre.
Cuando observamos un río, un lago o un humedal la situación cambia.
Los microorganismos transforman compuestos.
La materia orgánica circula.
Los nutrientes se reciclan.
Las comunidades biológicas evolucionan.
La energía atraviesa el sistema.
Gran parte de estos procesos permanecen ocultos.
Pero eso no significa que no existan.
Lo que percibimos como “agua”
Muchas veces cuando alguien afirma que un agua parece más viva que otra no está describiendo una propiedad física del agua.
Está describiendo una sensación ecológica.
La percepción de que el sistema contiene actividad.
Transformación.
Continuidad biológica.
Procesos en marcha.
En realidad, lo que percibimos no suele ser la molécula de agua.
Percibimos el ecosistema que existe dentro de ella.
El agua conecta organismos y procesos
Existe otro aspecto interesante.
El agua no sólo alberga vida.
También conecta formas de vida.
Transporta nutrientes.
Materia orgánica.
Microorganismos.
Señales químicas.
Energía.
En muchos ecosistemas acuáticos actúa como un auténtico medio de conexión entre procesos biológicos diferentes.
Por eso comprender el agua implica comprender mucho más que su composición química.
La actividad invisible
Gran parte de lo que ocurre en los ecosistemas acuáticos sucede fuera de nuestra vista.
Biofilms.
Comunidades microbianas.
Procesos de transformación.
Interacciones químicas y biológicas.
Cuando estos mecanismos funcionan de forma continua, el sistema desarrolla una dinámica propia.
Una historia.
Una evolución.
Y quizá sea precisamente esa actividad la que lleva a muchas personas a percibir ciertas aguas de una forma especial.
Una pregunta interesante
Si el agua no está viva, ¿por qué algunas aguas parecen tan diferentes entre sí?
Quizá porque nunca observamos únicamente agua.
Observamos ecosistemas.
Observamos historia ecológica.
Observamos relaciones biológicas.
Observamos procesos desarrollándose a lo largo del tiempo.
La molécula sigue siendo la misma.
Lo que cambia es todo aquello que ocurre dentro y alrededor de ella.
Y tal vez ahí resida la verdadera respuesta.
El agua no está viva.
Pero algunos ecosistemas acuáticos están extraordinariamente vivos.
Referencias y lecturas relacionadas
- Wetzel, R. G. Limnology: Lake and River Ecosystems.
- Margalef, R. Perspectives in Ecological Theory.
- Odum, E. P. & Barrett, G. W. Fundamentals of Ecology.
- Falkowski, P. G. Life’s Engines.
- Azam, F. et al. (1983). The Ecological Role of Water-Column Microbes.
- Allan, J. D. & Castillo, M. M. Stream Ecology.