El ecosistema invisible
Cuando pensamos en un bosque solemos imaginar árboles.
Cuando pensamos en un río solemos imaginar agua.
Cuando pensamos en un ecosistema solemos pensar en aquello que podemos ver.
La vegetación.
Los animales.
Las hojas.
Las flores.
Los peces.
Sin embargo, gran parte de los procesos más importantes de la naturaleza ocurren fuera de nuestra vista.
Y precisamente por eso suelen pasar desapercibidos.
Lo visible ocupa sólo una parte de la historia
Resulta fácil comprender por qué.
Los seres humanos observamos el mundo principalmente a través de aquello que podemos percibir directamente.
Un árbol centenario llama la atención.
Un pez también.
Un bosque entero puede resultar impresionante.
Pero bajo cada uno de esos elementos existe una actividad biológica continua que rara vez vemos.
Una actividad que no suele aparecer en fotografías.
Ni en paisajes.
Ni en documentales.
Y aun así sostiene buena parte del funcionamiento del ecosistema.
La vida microscópica está en todas partes
El suelo.
El agua.
Las hojas.
La madera.
Las raíces.
Prácticamente cualquier superficie natural alberga comunidades de microorganismos.
Bacterias.
Hongos.
Arqueas.
Protozoos.
Y muchos otros organismos invisibles a simple vista.
Lejos de ser una excepción, estas comunidades forman parte normal del funcionamiento de los ecosistemas.
De hecho, muchas veces constituyen su base biológica.
Nada desaparece por sí solo
Imaginemos por un momento un bosque donde las hojas caídas nunca se transformaran.
Donde la madera muerta permaneciera intacta.
Donde los restos orgánicos se acumularan indefinidamente.
La imagen resulta extraña.
Porque estamos acostumbrados a que la naturaleza recicle continuamente sus propios materiales.
Sin embargo, ese reciclaje no ocurre de manera automática.
Detrás de él existe una inmensa actividad biológica.
Los microorganismos participan en la transformación de la materia orgánica.
Liberan nutrientes.
Modifican compuestos.
Y permiten que muchos materiales vuelvan a incorporarse al sistema.
Lo invisible construye lo visible
Esta idea resulta especialmente interesante.
Cuando observamos un árbol solemos fijarnos en su tronco.
Sus ramas.
Sus hojas.
Pero gran parte de los nutrientes que utiliza han pasado previamente por innumerables procesos biológicos invisibles.
Algo parecido ocurre en los ecosistemas acuáticos.
La actividad microbiana participa en la transformación de materia orgánica, en los ciclos de nutrientes y en numerosos procesos que afectan al conjunto del sistema.
Lo visible muchas veces descansa sobre una infraestructura biológica que apenas percibimos.
Los biofilms cambian nuestra forma de mirar
Existe un ejemplo especialmente interesante.
Los biofilms.
Comunidades complejas de microorganismos que colonizan superficies naturales.
Rocas.
Raíces.
Hojas.
Sedimentos.
A simple vista pueden parecer una película insignificante.
Sin embargo, desde una perspectiva ecológica constituyen auténticos centros de actividad biológica.
Procesan nutrientes.
Transforman materia.
Sirven de alimento para numerosos organismos.
Y participan en una gran cantidad de procesos ecológicos.
La naturaleza funciona en múltiples escalas
Una de las lecciones más fascinantes de la ecología es que los ecosistemas funcionan simultáneamente en diferentes escalas.
Podemos observar un bosque completo.
Una cuenca hidrográfica.
Un lago.
Un río.
Pero también podemos observar comunidades microscópicas desarrollándose sobre una hoja caída.
Ambas escalas forman parte de la misma realidad.
Y ambas resultan necesarias para comprender el sistema completo.
Quizá observamos sólo la superficie
Cuando caminamos por un bosque o contemplamos un río solemos percibir aquello que destaca.
Los árboles.
El agua.
La vegetación.
Los animales.
Pero quizá una parte importante de la naturaleza permanezca oculta precisamente porque funciona tan bien.
Porque los procesos esenciales no siempre son los más visibles.
Y porque gran parte de la actividad ecológica ocurre silenciosamente, lejos de nuestra atención.
Una pregunta interesante
Si desaparecieran todos los microorganismos de un ecosistema, ¿qué ocurriría?
Probablemente seguiríamos viendo árboles durante algún tiempo.
Seguiríamos viendo hojas.
Seguiríamos viendo agua.
Pero muchos de los procesos que sostienen esas estructuras comenzarían a detenerse.
Los ciclos de nutrientes se interrumpirían.
La transformación de la materia orgánica cambiaría radicalmente.
Y el ecosistema acabaría perdiendo gran parte de su capacidad para funcionar.
Quizá esa posibilidad nos recuerde algo importante.
A veces lo más esencial no es lo más visible.
Referencias y lecturas relacionadas
- Odum, E. P. & Barrett, G. W. Fundamentals of Ecology.
- Margalef, R. Perspectives in Ecological Theory.
- Wetzel, R. G. Limnology: Lake and River Ecosystems.
- Azam, F. et al. (1983). The Ecological Role of Water-Column Microbes in the Sea.
- Fenchel, T. Ecology of Protozoa.
- Atlas, R. M. & Bartha, R. Microbial Ecology: Fundamentals and Applications.