¿Por qué algunos ecosistemas parecen viejos?

Algunas veces entramos en un lugar y tenemos una sensación difícil de describir.

No sabemos exactamente cuándo comenzó a formarse.

No conocemos todos los detalles de su historia.

Ni siquiera sabemos su edad real.

Y aun así parece antiguo.

Puede ocurrir en un bosque.

En una ribera.

En una turbera.

En una laguna.

Incluso en un pequeño rincón donde la naturaleza ha tenido tiempo para desarrollarse sin demasiadas interrupciones.

La sensación es inmediata.

Como si llevase mucho tiempo ocurriendo algo allí.

Curiosamente, esa percepción también existe en ecología.


La edad y la madurez no son exactamente lo mismo

Cuando hablamos de ecosistemas solemos utilizar el tiempo como referencia.

Un bosque puede tener cien años.

Doscientos.

O quinientos.

Sin embargo, la edad por sí sola no siempre explica la sensación de madurez que transmite un lugar.

Existen ecosistemas relativamente jóvenes que muestran características propias de sistemas muy desarrollados.

Y también existen ecosistemas antiguos que han sufrido tantas alteraciones que apenas conservan señales de esa historia.

La edad importa.

Pero no parece ser la única variable.


La complejidad deja huellas

Una de las características más habituales de los ecosistemas maduros es la acumulación de complejidad.

No necesariamente complejidad visible.

A veces se manifiesta en forma de capas.

Capas de suelo.

Capas de vegetación.

Capas de relaciones ecológicas.

Procesos que se superponen y se entrelazan con el paso del tiempo.

Cuanto más tiempo tiene un ecosistema para desarrollarse, más oportunidades existen para que aparezcan nuevas conexiones.

Y muchas veces son precisamente esas conexiones las que transmiten sensación de antigüedad.


La continuidad también se percibe

Imaginemos un bosque donde cada proceso parece conectado con el siguiente.

Las hojas caídas alimentan el suelo.

El suelo alimenta nuevas plantas.

La madera muerta se transforma lentamente.

Los hongos participan en el reciclaje de nutrientes.

La vegetación se renueva.

Nada parece aislado.

Todo parece formar parte de una misma historia.

La continuidad ecológica suele generar una sensación difícil de cuantificar, pero sorprendentemente fácil de percibir.


Los ecosistemas maduros rara vez parecen perfectos

Existe una idea interesante.

Muchos ecosistemas jóvenes parecen ordenados.

Muchos ecosistemas maduros parecen complejos.

Incluso desordenados.

Ramas caídas.

Madera en descomposición.

Diferentes etapas de crecimiento coexistiendo al mismo tiempo.

Procesos que ocurren simultáneamente.

Desde una perspectiva estrictamente estética, algunas de estas señales podrían interpretarse como imperfecciones.

Desde una perspectiva ecológica, suelen ser exactamente lo contrario.


El tiempo deja más que años

Cuando pensamos en el paso del tiempo solemos imaginar una acumulación de días.

Meses.

Años.

Décadas.

Sin embargo, desde una perspectiva ecológica, el tiempo deja algo más importante.

Deja historia.

Cada perturbación.

Cada periodo de crecimiento.

Cada sequía.

Cada inundación.

Cada generación de organismos añade una pequeña capa al sistema.

La madurez ecológica surge precisamente de esa acumulación de historias.


Quizá percibimos relaciones

Resulta tentador pensar que reconocemos los ecosistemas maduros por sus componentes.

Los árboles.

Las especies.

La vegetación.

Pero quizá exista otra explicación.

Quizá lo que percibimos no son únicamente los elementos individuales.

Quizá percibimos las relaciones.

La sensación de que muchas piezas diferentes llevan tiempo funcionando juntas.

La sensación de que el sistema ha desarrollado una coherencia interna difícil de describir, pero fácil de intuir.


Una pregunta interesante

Cuando decimos que un ecosistema parece viejo, ¿qué estamos observando realmente?

¿Su edad?

¿Su tamaño?

¿Su biodiversidad?

¿Su complejidad?

Probablemente un poco de todo.

Pero quizá también estemos percibiendo algo más difícil de medir.

La huella acumulada de innumerables procesos ecológicos desarrollándose a lo largo del tiempo.

Porque tal vez los ecosistemas no parezcan antiguos simplemente porque hayan existido durante mucho tiempo.

Tal vez parezcan antiguos porque llevan mucho tiempo construyéndose a sí mismos.


Referencias y lecturas relacionadas

  • Odum, E. P. & Barrett, G. W. Fundamentals of Ecology.
  • Margalef, R. Perspectives in Ecological Theory.
  • Chapin III, F. S., Matson, P. A. & Vitousek, P. M. Principles of Terrestrial Ecosystem Ecology.
  • Pickett, S. T. A. & White, P. S. The Ecology of Natural Disturbance and Patch Dynamics.
  • Franklin, J. F. et al. trabajos sobre Old-Growth Forests.
  • Oliver, C. D. & Larson, B. C. Forest Stand Dynamics.

Artículos relacionados